Hay también evidencia de que la depresión puede estar asociada con una deficiencia en la dieta de los ácidos grasos omega-3. Esta "hipótesis de los fosfolípidos" en la depresión está apoyada por investigaciones que muestran que la concentración de ácido graso omega-3 en la sangre de pacientes depresivos es menor que en la de los sujetos sanos.
La "hipótesis de los fosfolípidos" en la depresión postula que el nivel disminuido del ácido graso omega-3, y por lo tanto, quizás la disminución del contenido de ácido graso omega-3 en el cerebro, podría ser responsable de la enfermedad, según expresa la Dra. Pnina Green de la Universidad de Tel Aviv. En seres humanos, debido a la alta variabilidad de la dieta y la imposibilidad obvia de examinar el tejido cerebral, la teoría es sostenida principalmente por evidencias indirectas. La disponibilidad de ratas aptas como modelo animal para la depresión permitió a los investigadores superar ambos obstáculos.
En el estudio, la Dra. Green, y el Dr. Gal Yadid de la Universidad de Bar-Ilan, en Ramat Gan, utilizaron ratas para investigar la relación entre los ácidos grasos omega-3 y la depresión. Examinaron los cerebros de ratas deprimidas y los compararon con los de ratas normales. Asombrosamente, encontraron que la diferencia principal entre los dos tipos de ratas estaba en los niveles del ácido graso omega-6 y no en los niveles del ácido graso omega-3. Específicamente, descubrieron que los cerebros de ratas con depresión tenían concentraciones más altas de ácido araquidónico, un metabolito de cadena larga no saturada del ácido graso omega-6.
El ácido araquidónico se encuentra en todo el cuerpo, y es esencial para el funcionamiento apropiado de casi cada órgano, incluyendo el cerebro. Sirve a una amplia variedad de propósitos, desde ser un elemento puramente estructural en los fosfolípidos, a participar en señales de transducción, siendo sustrato de los derivados implicados en la función del segundo mensajero.
El hallazgo de que en las ratas depresivas los niveles del ácido graso omega-3 no estaban disminuidos, y el ácido araquidónico estaba aumentado sustancialmente con respecto a las ratas de control, fue algo inesperado, admite la Dra. Green. Este descubrimiento parece apoyar la teoría de que el incremento del ácido graso omega-3 ingerido puede cambiar el equilibrio entre las dos familias de ácidos grasos en el cerebro, puesto que se ha demostrado en estudios con animales que el incremento de omega-3 ingerido puede dar lugar a una disminución del ácido araquidónico en el cerebro.
Aunque se ha prestado menos atención como requisito dietético a los ácidos grasos omega-6, que se pueden encontrar en la mayoría de los aceites de mesa y en la carne, quizás en el futuro la depresión pueda ser controlada con el aumento del ácido graso omega-3 ingerido y la disminución del ácido graso omega-6 ingerido.